No es falta de carácter. Es tu alarma encendida.
- Investigas quién es el nuevo, aunque saber te haga daño.
- Quieres demostrarle que estás bien, y por dentro no lo estás.
- Te arde más el orgullo que la tristeza: cómo te dejó parado.
- A medianoche quieres mandar el mensaje que mañana vas a lamentar.
- Te comparas con el reemplazo en una carrera que tú mismo armaste para perder.
- La rabia y la obsesión no te dejan concentrarte en nada.
Si te identificaste con dos o más, esto es para ti. No es debilidad: tiene una explicación que la mayoría de los hombres nunca escucha.



